martes, 13 de septiembre de 2011

España vendida a Europa

Ya avisé...  Tal vez... Quizás... Entre todos los videos musicales del mes de septiembre se cuele algún post indignado, y así es. He preferido dejar pasar unos días para estar más sosegada e intentar ser más objetiva. (Bueno, y para no decir palabrotas y escribir con corrección). 

Bien, Europa nos ha ganado, ya lo han conseguido y ya nos tienen en sus manos. Han obligado a nuestros políticos de papel, (eso sí, bien forrados de euros, como se puede comprobar en su registro de intereses y actividades recién publicados), a reformar nuestra Carta Magna, la que se supone que, en nuestro Ordenamiento Jurídico, es como la biblia para los católicos o los evangelistas, es como la palabra de Dios. 

Ya nos la han viciado con un "Reformazo expres", deprisa y corriendo, sin pérdida de tiempo, sin consenso de todas las fuerzas políticas, sin referéndum. Nada, porque lo dicen los que mandan y ya está, no hay más que decir, ni enmiendas ni p... ¡ejem! perdón.  

¿Pero cuál es la novedad que introduce esta reforma? ¿Y por qué por la vía de urgencia? ¿La estabilidad presupuestaria? ¿El equilibrio financiero? ¿El control del déficit público? ¿Y qué es eso?

Pues, esencialmente, la estabilidad financiera, o el equilibrio presupuestario (obsérvese que estas palabras son intercambiables), consiste en que un Estado se compromete a no gastar más de lo que ingresa, es decir, que tiene que haber un equilibrio entre los ingresos y los gastos.

Y el déficit público, evidentemente, se produce cuando un Estado ha gastado más de lo que ha ingresado. 



Lo curioso de todo esto, es que estos principios de estabilidad financiera y de control del déficit público ya estaban ratificados por España y demás países miembros de la Unión Europea desde el año 1992 en el artículo 104 C del Tratado de Maastricht y demás normas posteriores que los Estados miembros han ido firmando a pies juntillas para poder seguir subidos en la máquina europea. En 2010 ya tuvimos que tragar con la imposición de  que la Comisión Europea supervisará nuestros Presupuestos Generales del Estado antes de ser presentados en las Cortes Generales para su aprobación, lo que ya supone una intromisión aberrante y manipuladora en la gobernanza de un país.  

Y en el 2011 ya hemos tragado el Pacto del Euro que, además de volver a consolidar los principios de estabilidad financiera y equilibrio presupuestario, establece como novedad que tendremos que cumplir unos objetivos que ellos nos irán marcando.  Objetivos, por otro lado, hechos a la medida de Alemania o Francia, que sólo los pueden cumplir ellos que tienen unas economías potentes - por el momento -, y objetivos que rozan el colmo del neoliberalismo económico conocido imponiendo a los gobiernos de los Estados miembros que dirijan sus países como si se tratara de auténticas empresas capitalistas.

Está claro que si en una empresa capitalista no hay beneficios y quiebra,  se despide a los trabajadores, la empresa cierra y... Ya se verá qué pasa con las deudas. (Lo más probable es que, tanto los trabajadores como los bancos, se queden sin cobrar). Pero en un país, ni se puede despedir a los ciudadanos ni se puede cerrar por quiebra. Y las deudas... ¿Qué hacemos con la deuda pública? 



La máquina europea es muy lista y ya ha previsto la solución. La mejor solución para ellos, claro, no para nosotros. Les han leído la cartilla a nuestros políticos: No queremos que vuelva a suceder lo mismo que con Grecia. Si queréis que confiemos en vuestra economía tenéis que ofrecernos una garantía real de que, si os damos millones de euritos para que vayáis superando vuestro déficit, nos los vais a devolver, con sus intereses correspondientes, claro. Para ello tenéis que establecer que la devolución de la deuda pública tiene prioridad a cualquier otro gasto interno de vuestro país. ¡Ah! Pero ésto no nos vale que lo hagáis con una ley normal, no: esto tiene que estar en vuestra Constitución, que es la Ley que está por encima de todas las leyes... Y tiene que estar ¡YA! Y tomad, unos cuantos millones de euros para que la tarea se os haga más llevadera.

Dicho y hecho: En menos de un mes, ya tenemos reforma constitucional. Así queda redactado el nuevo artículo 135.3 de la Constitución: "Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluídos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión".

Esa es la auténtica modificación que introduce la reforma constitucional y que rojos y azules se han encargado bien de acallar y no tocar para no llamar la atención sobre sus consecuencias. Sindicatos, algunos partidos y colectivos ciudadanos han denunciado esta prioridad del pago de la deuda pública como dañosa para los intereses internos de nuestro país, pero como seguimos aborregados y adormecidos, ni nos hemos molestado en enterarnos de dónde nos han metido nuestros amantísimos políticos ni de oponernos a ello. 

Cuando comencemos a sufrir las consecuencias, entonces nos daremos cuenta. Cuando el Estado, ya desde el año que viene, y sea cual sea el partido que gobierne, se vea obligado a tener que pagar más de la mitad del dinero de todos los españoles al Banco Central Europeo , China y bancos (principales compradores de deuda pública española) y lo que quede, sea para nuestros gastos necesarios internos: seguridad social y sanidad, educación, pensiones... Todo ello supondrá una cadena consecutiva de recortes sociales, más de los que ya estamos sufriendo, y un incremento de los impuestos indirectos (IVA).

Está claro: España ha sido vendida a Europa.

Ojalá nuestros políticos sean conscientes de su responsabilidad y sepan administrar bien, no malgasten miles de millones de euros en infraestructuras inútiles (ejemplos: Ave Madrid-Albacete y más Aves todos deficitarios, aeropuerto de Ciudad Real y más aeropuertos donde ni siquiera las compañías aéreas quieren operar porque no hay pasajeros que rentabilicen las inversiones, etc.., etc...), que sepan frenar la especulación financiera y que no vuelvan a permitir la especulación inmobiliaria, y que logren el tan deseado equilibrio económico, porque si no... Lo llevamos muy muy crudo. 

Aunque a mí me da que nuestros políticos están más del lado de los bancos y especuladores que del lado de los ciudadanos. A las pruebas me remito. 

Estas situaciones, en las que la voluntad de los poderes económicos escondidos a la sombra está por encima de la voluntad de los gobiernos de los países soberanos, siempre me recuerda el discurso de John Fitzgerald Kennedy a la prensa, el discurso que le costó la vida por manifestar públicamente en 1961 que no se sometería a los poderes económicos ocultos. Creo que, desde entonces, todos los políticos del mundo occidental han agachado la cabeza y ninguno más se ha atrevido a levantar la voz contra ellos. 

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